23 jun 2011

La doble vida de Walter: Sí se puede

* * *    BUENA

"La doble vida de Walter" ("The Beaver"), un título que si me preguntan a mí es una traducción malísima del concepto de la película, trata justamente sobre Walter Black y su forma de lidiar con esa enfermedad tan dura que es la Depresión, a través de la expresión de sus sentimientos por intermedio de un castor de peluche, pero siempre dejando en claro que no hay doble vida, sino que hay una lucha interna de sanación y enfermedad en este oscuro pero representativo personaje, que pone en pantalla un problema creciente en las sociedades modernas.
Dirige y actúa en la cinta la reconocida actriz, y en ocasiones directora, Jodie Foster ("El silencio de los inocentes", "Contacto") que creo hace un buen trabajo en la dirección, un poco desorganizado y con algunos baches, pero que como producto final satisface el objetivo para el cual fue creado.
Un acierto fuerte de Foster fue dejar de lado los comportamientos erráticos de Mel Gibson en la vida real para ficharlo como protagonista, ya que debemos admitir que sin él quizás el resultado favorable no habría sido el mismo. Completan el cast, Anton Yelchin (Porter hijo de Walter) y Jennifer Lawrence (Norah, la chica de Porter) que por estos días no deja de trabajar y se involucra en proyectos de alto vuelo.
Quien haya vivido de cerca la depresión ya sea porque la padeció, o por un familiar o amigo cercano, sabe que es una de las enfermedades más crueles, ya que el entorno sano suele no comprender por lo que está pasando la persona y piensa que con un viaje, un discurso de la belleza de la vida o una buena cagada a pedo el depresivo va a levantarse y andar... esto no es así, y es muchísimo más complejo y grave de lo que se puede entender. En "The Beaver" hay una buena descripción de los 2 procesos, tanto del depresivo con sus mufas, desinterés por su entorno y actitudes autodestructivas, como del entorno inmediato del enfermo que no comprende la gravedad de la situación y decide enojarse y odiar, en vez de acompañar y tener paciencia.
Como descripción de la interacción familiar en estas situaciones, creo que la película cumple muy bien con su cometido, aunque debo admitir que no logró emocionarme mucho y que no terminó de coparme la idea del castor como herramienta de sanación, lo que hizo que le baje puntuación. Buen cierre con la montaña rusa como metáfora y una duración que da gusto.



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