Lamento no compartir el entusiasmo de la mayoría de la crítica, pero esta película me pareció más que una comedia distinta, una comedia aburrida y pasada de rosca, con un aire "independiente" de esos a los que se la va la mano en los matices bizarros. Aquí la ridiculez no entretiene, no arranca sonrisas, es sólo ridiculez.
El personaje de Brendan Gleeson, el sargento Gerry Boyle, es sin dudas entrañable, entretenido y atractivo en una manera que genera culpa en el espectador por lo incorrecto. Es racista, putero, desalmado y frontal como toro ciego, pero esto sumado al lado humano y tierno que demuestra en algunas escenas, resulta irresistible. Sólo por Gerry le doy crédito a esta comedia con pretensiones snobistas.


