Bueno, si bien la primera película del osito moquero alcanzaba como para divertirse un rato, esta secuela demuestra que la fórmula era débil y no daba para más que una entrega. Como dije en la reseña de la primera "Ted", Seth MacFarlane es un artista que ofrece un humor ácido y negro, irreverente, que no se mitiga ante el status quo de lo políticamente correcto. Dentro de esa gama de humor hay aristas que me parecen muy divertidas y otras no tanto. Entre las que no me hacen reír está la que se relaciona con los diálogos de la marihuana, algo en lo que MacFarlane insiste en esta historia. No tengo nada en contra de la marihuana, simplemente me parece que una conversación de dos o más personas fumadas no me hace reír. Me parece muy aburrido, tonto y que sólo puede hacer reír a otras personas que estén fumadas en ese momento.
A Seth MacFarlane, creador de las series animadas americanas “American Dad” y “Family Guy”, no se le ocurrió mejor idea que regresar a la gran pantalla tras el éxito de “Ted” (2012) para ponerse, esta vez, delante de la cámara y protagonizar “esto”. Es verdad: Seth es propietario de un estilo humorístico tan particular que no todos logran apreciar. Lamento informar que no estoy incluido en ese círculo de aduladores de tal humor irreverente. Porque su segunda incursión cinematográfica me pareció un absurdo incomprensible que roza lo innecesario. Ambientada a fines del siglo XIX en el Lejano Oeste, MacFarlane encarna a Albert Stark, un criador de ovejas que es abandonado por su novia (Amanda Seyfried), retado a duelo por el tercero en discordia (Neil Patrick Harris), entrenado por una hermosa pistolera (Charlize Theron) y perseguido por un peligroso bandido (Liam Neeson). Adviértase que se trata de Seth y un poco más de Seth; es decir, sólo Seth y nada más. El resto del elenco, bien gracias, es puesto como adorno para festejarle las ocurrencias a nuestro simpático protagonista, para serle funcional al puñado de chistes fáciles que se arrojan durante el metraje. Un desperdicio que no se haya aprovechado el talento de los actores para desarrollar un poco más los personajes secundarios y, de esta manera, enriquecer el guión. Y aquí está el problema: el guión. Es que cuando una comedia aspira a fabricar carcajadas mediante chistes sexuales y escatológicos en altas dosis y de manera exclusiva, estamos ante un grave problema. El resultado final de esa decisión artística justifica plenamente el titulo de esta reseña. Hay que tolerar los clichés facilistas, el mal gusto y la previsibilidad durante más de dos horas. Aún no logro captar la lógica de la trama; no entiendo la necesidad extrema de ofrecer vulgaridad elevada al cuadrado con la esperanza casi intacta de que ello oficiará como hilo conductor para la risa. Hay otros modos de divertir al público sin ir por esos caminos. Esta cinta no llega a calificar de mala gracias a unos breves momentos en los que somos testigos de sorpresivos cameos: por ejemplo, el del “Doc” Emmet Brown de la saga de Robert Zemeckis “Volver al futuro” y el de Jamie Foxx, bajo el sombrero de Django, el protagonista de la última película de Quentin Tarantino. Fuera de eso, está destinada al olvido. Y menos mal. Creo que MacFarlane trastabilló muy mal intentando (porque considero que tampoco lo consigue) “parodiar” el género hollywoodense por excelencia: el western. Habrá que ver si se merece el perdón luego de semejante ofensa. Mientras tanto, se encuentra trabajando en su futuro proyecto cinematográfico: “Los Picapiedras”. Que el cielo nos proteja. Crítica realizada por Leonardo Arce.
"Ted" marca el exitoso debut como director de largometrajes del alocado Seth McFarland, responsable de famosas series animadas como "Hombre de Familia" y "American Dad". Si alguna vez han visto capítulos de estas series, sabrán cómo es el humor irreverente y super ácido que le gusta hacer a McFarlane, usando chistes de tipo escatológicos, racistas y por supuesto, de tipo sexuales. Personalmente, tengo sentimientos encontrados en cuanto a este tipo de humor, ya que hay cuestiones que me hacen llorar de la risa y otras que directamente me caen mal, me parecen estúpidas... como que sobrepasan la línea entre lo zafado y lo realmente descerebrado. Por ejemplo, el humor que se hace con los clichés raciales y que tienen un toque de maldad suelen parecerme muy graciosos al igual que la comedia física relacionada al sexo. Los insultos y las malas palabras fuertes usadas en los momentos precisos, también son fundamentales para armar un buen producto irreverente. Ahora, el humor relacionado con personas hablando gansadas producto de estar muy drogados, me parece de lo más idiota y poco divertido que se puede pagar para ver en un cine. Esta es una tendencia cada vez más creciente en la comedia americana y la verdad es que no me hace reír ni un poco... Dos o más personas poniendo cara de chino en celo mientras dicen incoherencias no valen una entrada al cine en mi opinión. El boludón que tampoco quiere madurar a pesar de tener como 35 años, también me cae pesado y tedioso. En "Ted" hay una mezcla muy variada de este tipo de situaciones, algunas para reír muchísimo y otras para aburrirse bastante. De cualquier manera, este tipo de humor está claro que llegó para quedarse y tiene su buen número de seguidores, 400 millones de dólares en recaudación no pueden estar equivocados. Le doy algunos puntos extras por manejar muy bien una situación tan inverosímil como un oso de peluche calentón que cobra vida y hacer de eso un entretenimiento para millones, pero ¡ojo!, si no sos de los que disfrutan de las series animadas de McFarlane, quizás no disfrutes para nada esta película.