"Everest" es una película que esperaba con ansias ya que la temática del ascenso de montaña me parece super interesante y además porque quería ver una propuesta cinematográfica moderna que superara lo ya visto. Cuando miré el trailer promocional me gustó lo que vi, pero la impresión que me había quedado es que era una especie de "Límite Vertical" pero de mucha mejor calidad. Cuando fui al cine a ver la película, me sorprendí gratamente al darme cuenta que más que una película de acción y aventuras era más bien un drama biográfico. ¿Por qué es bueno esto? Porque ya venía haciendo falta un film serio y de calidad sobre el desafío de escalar una montaña tan adversa como el Everest, que se centre en los desafíos mentales y físicos que esto implica individualmente y como grupo para los valientes alpinistas, y no en una trama de fantasía que plantee acción.
"La teoría del todo" es una de esas películas dramáticas que gran parte del público amará por lo emocional y superador de la historia, mientras que otra parte del público (menor) la rechazará por percibirla cursi y manipuladora. Personalmente creo que posee algunos elementos buenos y otros más viciados. Para comenzar por lo negativo voy a coincidir con las personas que percibieron un gran esfuerzo, demasiado subrayado por momentos, en pos de conseguir el llanto y bajarle la guardia al espectador. No se si les pasó lo mismo a muchos de ustedes, pero yo fui al cine buscando conocer más sobre la genialidad de la obra de Stephen Hawking y/o su historia de amor con Jane Wilde,
El Holocausto, la Alemania nacional-socialista, la hija de una comunista, pilas de libros que se queman. ¿Quién puede resistirse a esa combinación de elementos en un guión cinematográfico? y ¿quién se atrevería a afirmar que tal historia terminaría siendo una medriocridad? Esas preguntas tendrían una respuesta casi unánime: el cine nos ha dado buenas historias sobre el Holocausto que desde el clásico "El Diario de Ana Frank" (1959) hasta la oscarizada "La Lista de Schindler" (1993), pasando por cintas más amables como "La Vida es Bella" (1998) y la dura "El Pianista" (2002). Los exponentes son notables, pero "Ladrona de Libros" no llega a estar a la altura de una cinta aceptable pues, contando con elementos infalibles, hace agua por todos lados. Liesel (Sophie Nélisse), una niña hija de comunistas, es adoptada por Hans (Geoffrey Rush) y Rosa (Emily Watson), viviendo en un pequeño pueblo de la Alemania nazi. La niña queda fascinada con la nutrida biblioteca de la esposa del alcalde, para quien Rosa le plancha la ropa. Cuando los padres de Liesel ocultan a un joven judío enfermo en el sótano de su casa, ella decide tomar prestados los libros de esa biblioteca para leérselos en plena Segunda Guerra Mundial. La experiencia del Holocausto es contada a través de la mirada condescendiente de una niña en tanto que lo más oscuro es expuesto a través de una voz en off que representa a la Muerte. Como dos caras de una misma moneda, la trama se construye con dos visiones completamente diferentes. En este sentido, recordé el trabajo que realizó Guillermo del Toro en "El Laberinto del Fauno" (2006), en donde una historia llena de fantasía y magia contrastaba con la crudeza que vivía la España franquista de mediados del siglo XX. Pero el resultado que logra nuestra cinta dista mucho de los alcanzados por el director mexicano. El tema del hurto de libros es de lo más intrascendente para la trama; la quema de libros que plasmaban filosofías peligrosas para la ideología nacional-socialista era un tema jugoso a desarrollar, pero queda relegada a una escena aislada; el ocultamiento de un judío ansioso de ver la luz del sol que pretende apelar ligeramente a la lágrima del espectador; son puntos débiles que neutralizan la efectividad de la trama. La historia tiene una buena intención (no lo vamos a negar) pero queda empantanada en un mar de malas decisiones, en donde su director parece haber perdido la brújula de la buena cinematografía. Por dar un ejemplo, el recurso de la voz en off no logra reordenar ni encauzar la sucesión continua de acontecimientos. Ni siquiera la intervención musical del siempre impecable John Williams (compositor de su banda sonora por la que estuvo nominado al Oscar este año) ni el excelente elenco logran penetrar en el corazón del espectador. Da una sensación de un vacío tan imperdonable que resulta increíble que una cinta estructurada mediante un diseño de aspiraciones épicas no alcance a cubrir la línea media de las expectativas. Con una visión superficial, edulcorada, carente de compromiso y relajada de uno de los mayores horrores que vivió la humanidad, "Ladrona de Libros" es esa típica película que aspira a premios y más premios, sin un objetivo claro más que ganar premios (que, por cierto, no alcanzó). Si afirmo que esta película tendrá una trascendencia nula en la recreación cinematográfica del Holocausto, créanme que no les estoy mintiendo. Crítica realizada por Leo Arce.
Cuando se escucha el nombre de Joe
Wright relacionado a Keira Knightley para la realización
de un drama épico, resulta imposible no prestarle atención al
proyecto y generar altas expectativas. Es que esta reunión viene precedida por
dos fructíferos filmes: “Orgullo y Prejuicio” (2005) y “Expiación, Deseo y
Pecado” (2007). En ambas películas, Wright fue desarrollando de manera
evolutiva una interesante faceta artística y parece que “Anna Karenina” se
posiciona en el apogeo de esa exploración, al dar riendas sueltas a todo su
talento. En definitiva, nos da un resultado aceptable, pero nada más.
Ambientada en la Rusia Imperial de
la segunda mitad del siglo XIX y basada en el clásico de León Tolstói, la
película desnuda la moral de la sociedad aristocrática zarista en pleno
descenso. Retrata la historia de amor entre Anna Karenina (Keira Knightley),
una respetada y distinguida dama casada con Alekséi Karenin
(Jude Law), un alto funcionario ruso, y el Conde Alekséi Vronsky
(Aaron Taylor-Johnson), un joven
militar en pleno ascenso. La desaprobación del estrato social al que pertenecen
se convierte en la fuente de remordimientos, excesos, culpas y locuras para
ambos personajes, debiendo ambos lidiar con tormentos internos para probar si
el amor que se tienen es más fuerte que los convencionalismos sociales.
Lo destacable es que la trama se
recrea en el escenario, en los camarines y en la sala de un teatro. A medida
que los personajes van interactuando y moviéndose, los decorados aparecen y
desaparecen, casi todo como por arte de magia. Si bien es la concepción
artística que Wright ha querido imprimirle a un clásico llevado al cine en
varias ocasiones, termina pagando el alto precio de lograr la asfixia del
espectador, al poner toda la carne que disponía sobre el asador. Las pocas
escenas que transcurren en espacios naturales revitalizan la película dándole
aire fresco frente a tanta superabundancia. La novedad del recurso se realzaría
si hubiese sido utilizado en la justa medida. Aunque ello no desmerece las
impecables escenas montadas, como el baile de la mazorca de los protagonistas;
sencillamente, sublime.
Demás está destacar el trabajo de
Jacqueline Durran en el diseño de vestuario, por el cual se llevó el premio
Oscar, y la composición de Darío Marianelli, recreando musicalmente a la
perfección la atmósfera aristocrática imperial rusa. En fin, un trabajo
artístico importante que condensa vestuario, música, escenografía y fotografía,
pero que cae en excesos importantes. Como un “Moulín Rouge” de Luhrmann pero
sin justificación alguna en el guión.
Las actuaciones no son puntos
fuertes; un tanto frías, que no logran apoyarse en un libreto que explore a
fondo los sentimientos de cada personaje. Knightley podría haberse jugado con
su composición pues es solvente para hacerlo, pero apenas llega a ser correcta.
Aaron Taylor-Johnson
me sorprendió; sólo lo veía en su personaje en Kick-Ass. Jude Law, excelente y
medido. Pero eso no permite evaluar el elenco en su conjunto; no logran los personajes
involucrarse entre sí, ni proyectar nada sobre el espectador.
Un proyecto ambicioso que atrapa pero en el que la sobreabundancia de
elementos opaca la historia. Las actuaciones han cedido lugar ante el arte. Así
que si disfrutás de esos aspectos cinematográficos, caerá como anillo al dedo. Un proyecto ambicioso que atrapa
pero en el que la sobreabundancia de elementos opaca la historia. Las
actuaciones han cedido lugar ante el arte. Así que si disfrutás de esos
aspectos cinematográficos, caerá como anillo al dedo.
*Crítica realizada por Leonardo Arce, gran amante del cine y amigo de la casa.
Aahhh... el eterno y nunca pasado de moda vínculo entre el Hombre y su mascota... encima si lo pone en pantalla Spielberg, tiene garantía de calidad y emotividad. De un gran trabajo técnico sumado a una historia que es interesante e inspiradora, nace esta aventura/drama que podría haber sido en mi opinión, más entretenida de lo que resultó finalmente. "War Horse" es el segundo trabajo que Steven Spielberg dirigió en 2011, primero se estrenó "Las Aventuras de Tintín" (gran película) y ahora este trabajo tan esperado por muchos, que debo decir, cumple con creces el objetivo de contar una historia inspiradora, de fortaleza y vínculos sanadores, pero que carece de ese factor que hipnotiza y fusiona al espectador con lo que sucede en pantalla.