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24 abr 2013

Palabras robadas: Aceptarse


* * *    BUENA

¿Por qué esas traducciones de títulos?... Como si fuéramos estúpidos y no tuviéramos la capacidad de deducir el significado del nombre de un film. La película se llama "The Words" y trata sobre cuestiones que van más allá del evidente robo de un escritor a otro. ¡Por favor, dejen de subestimar al espectador y de intentar simplificar títulos con subrayados estúpidos!
Yendo al film concretamente, no entiendo por qué los críticos estadounidenses tiraron tan abajo este trabajo, que podrá ser un poco denso por momentos, pero de ninguna manera resulta común u ordinario como leí por ahí.
La trama es del tipo de historia dentro de otra historia. Se centra en la vida de dos personajes, por un lado el personaje "real", Clay Hammond (Dennis Quaid), un famoso escritor que lanza un libro que cuenta la historia de otro escritor, el "ficticio" Rory Jansen (Bradley Cooper), que al no tener éxito con sus escritos, decide cometer plagio y publicar una obra fabulosa que encontró por error como si fuera propia. De repente gana mucho prestigio, premios y reconocimiento en el mundo artístico, pero como la mentira tiene patas cortas, la fantasía dura poco y aparece el verdadero escritor de la obra, interpretado maravillosamente por Jeremy Irons. El encuentro entre ambos, plagiador y plagiado, produce un ida y vuelta de sensaciones, frustraciones y recuerdos que a mí me resultó bastante placentero de ver en la gran pantalla. También la conexión entre el personaje "real" de Clay y Rory, el "ficticio", me pareció interesante y entretenida de ver. La película es dramática, quizás con un tratamiento por momentos superficial y redundante sobre la culpa y los dilemas morales, pero en general logra su cometido y resulta un trabajo serio que se puede disfrutar bastante, sobretodo si sos de esos espectadores a los que les gustan las historias con fuertes cargas de realidad.
Los directores Brian Klugman y Lee Sternthal abordan un abanico de temáticas que identifican al espectador con los personajes, como por ejemplo el peso de las decisiones que tomamos, la aceptación de quienes somos, la delgada línea entre lo moral y lo inmoral, el destino y otros conceptos que están bien tratados y narrados. Una buena opción para disfrutar de un drama bien construido y con altas dosis de sensaciones reales.



18 abr 2013

Jugando por amor: Liviandad... y no sé que más decir


* *     REGULAR

¿Por qué será que, tanto productores como guionistas y directores de comedias románticas, ponen todo su empeño en destrozar este género el que, ya de por sí,  bastante defenestrado se encuentra? ¿No va siendo hora de que se tomen con responsabilidad la tarea de formular una comedia con seriedad? ¿Y por qué no direccionan esos esfuerzos en hacer algo potable a la vista? Hollywood: ¡no pido tareas imposible! David O. Russell lo ha logrado, llevando a los mismísimos altares del cine a su comedia “Silver Linnings Playbook”. Y eso que Russell no es ni un extraterrestre ni un iluminado por ningún fuego sagrado o algo que se le parezca; solo es un director que se toma su trabajo con seriedad.
No puedo ocultar mi desdén por este género que muy pocas perlitas le ha dado al séptimo arte (hasta expresé ese desdén en algún que otro comentario a las consignas impartidas por nuestro  buen amigo administrador de Cinélico). Pero a pesar de ello, mantengo viva mi fe en su reivindicación. "Playing for Keeps" ni siquiera es un digno intento. Me pregunto si la película no se trata de una broma de mal gusto.
La historia se centra en George (Gerard Butler), una ex-estrella indiscutible del fútbol, cuyos días de gloria han quedado en el olvido, que intenta recuperar el vínculo con su hijo luego de que asume el papel de entrenador del pequeño equipo de fútbol al que su niño pertenece. A lo largo de la trama, el protagonista deberá aprender a lidiar con su hijo que parece alejarse; a lidiar con las lanzadas y para nada pudorosas madres “botineras” de los niños del equipo (Uma Thurman; Catherine Zeta-Jones), poco preocupadas en las actividades deportivas de sus hijos pero sí interesadas en los atributos físicos del entrenador; lidiar con las ansias de recuperar un lugar en el mundo del periodismo deportivo que tanto anhela; lidiar con sus sentimientos encontrados para con su ex-esposa (Jessica Biel), a punto de contraer matrimonio con otro.
Viéndolo así, parecen argumentos sumamente interesantes y ricos en aportes, pero sólo es hasta que se desarrollan los diálogos que, más que causar risa, producen exasperación. Y así la película va avanzando sobre terreno fangoso, al no quedar en claro si se trata de una comedia romántica, costumbrista, dramática, familiar, disparatada o infantil. El guión tiene el defecto de no establecer un punto concreto que enmarque la historia de modo tal que permita al espectador entender qué es lo que ocurre en la pantalla o hacia dónde pretende dirigirse. Es como un barco sin timón.
Un buen elenco, en el que debemos también incluir a Dennis Quaid, que recrea personajes poco atractivos, sin una pisca de gracia, que no permiten lucimiento alguno de ningún actor. Un desperdicio ver los talentos de una Uma Thurman y de una Catherine Zeta-Jones reducidos a papeles de señoras “necesitadas”.
No suelo ser tan violento con mi pensamiento; es más, siempre aspiro a encontrar el lado positivo a toda circunstancia. Pero, en este caso, no lo he logrado. De todas maneras, sepan disculpar a este germen de crítico que busca encontrar una comedia que siga alimentando esa fe en el género; fe que, con este tipo de obras, lentamente se va diluyendo.

Crítica realizada por Leonardo Arce.



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