20 ene 2016

Guerra de papás: El botín son los niños

* * *     BUENA

Una nueva comedia norteamericana que pone sobre el centro de la trama a una familia disfuncional. Will Ferrell (quien produce el film) y Mark Wahlberg protagonizan una cinta diseñada para divertir. Pero pese a tocar temas interesantes para plantear desde el humor sin perder la seriedad que ellos merecen, los guionistas una vez más optan por el facilismo sin animarse a dar un paso más allá. Lamentablemente esto ya es una constante en este género.
En la trama, Brad (Will Ferrell) es un hombre casado con Sara (Linda Cardellini), la ex de Dusty (Mark Wahlberg), quien dejó a su mujer e hijos para irse de aventuras por el mundo. Brad hizo todo lo que estuvo a su alcance para ganarse el afecto de los hijos de Sara. Pero todo se diluye cuando retorna Dusty, dispuesto a recuperar lo que ha perdido.
Uno de los puntos interesantes de la película es la configuración de los personajes masculinos protagonistas: uno es la antítesis del otro. Si bien no hay una química arrolladora entre ambos, Ferrell y Wahlberg logran aplicar toda su pericia actoral para dar personajes convincentes y opuestos entre sí. Will dota a su personaje de corrección, responsabilidad y mucho amor para darles a los niños de su esposa, en tanto que Mark recrea a un tipo inescrupuloso que no conoce límites a la hora de obtener lo que quiere (en la película, recuperar el afecto de su familia). De esta forma, tenemos personajes bien construidos, en la lógica del agua y el aceite, con incompatibilidad absoluta. Esto es aprovechado por los guionistas para dar diálogos que resultan graciosos y para generar situaciones de las que se desprende la siguiente conclusión: son dos adultos sumergidos en sus egos que sólo compiten por un premio: el afecto de los niños. Es así que resulta, no poco peligrosa, la idea de "cosificar" la infancia. 
Quizás peco de extremista con el análisis que hago pero evidentemente el botín son los niños: un trofeo que hay que alzar al final de la guerra, un conflicto que los toca transversalmente pero que poco importa su posición frente a él si, al fin y al cabo, son meramente "cosas". Pero párrafo aparte, hay que subrayar lo siguiente: la trama contiene ciertos elementos que se vislumbran en el seno de la familia que no pasan desapercibidos. Un gran mérito de los guionistas hubiese sido que tomaran nota de esas circunstancias para trabajarlas en el libreto. Hay una familia disfuncional, una madre atrapada por el ego de dos padres, un padre que roza lo irresponsable en todos los aspectos y otro que pretende sustituir. Hay un problema en los adultos, pero de nuevo se olvidan de los niños. ¿Cómo los afectan estas circunstancias?
Pero aún así, siempre una escena al final de la cinta que resulta simpática y bondadosa que pretende suavizar un poco las cosas, adoctrinándonos con falsa moral. Un recurso muy reiterativo en las comedias familiares. ¿Alguien se cree aún ese cuento?
En fin, una película familiar más que pasa por las salas de cine y que debe ser un motivo para reflexionar acerca del papel de nuestros niños en los conflictos familiares promovidos por los adultos. Quizás algún día la mente de algún guionista logre hacer buen humor desde esos dramas familiares. Sigamos esperando mientras tanto.

Crítica realizada por Leonardo Arce.


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